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Clara López y el poder de las mujeres de La Paz en la Colonia

La historiadora paceña es experta en historia colonial de América Latina. Sus investigaciones se centraron en el rol de la mujer en esa época y cruzaron fronteras.

Clara López y el poder de las mujeres de La Paz en la Colonia
Ivone Juárez /  La Paz

Clara López Beltrán se cataloga como una "historiadora itinerante” que ha recorrido gran parte del mundo investigando la época colonial en América. Está  atrapada entre los siglos XVII y XIX, especialmente en el rol que las mujeres cumplieron en esa época. En su libro Alianzas familiares, elite, género y negocios en La Paz, Charcas, siglo XVII, plasma   gran parte de esa investigación.
 
Ahora está concentrada en el rol de las monjas de ese momento que -asegura- no se limitaba sólo a la religiosidad.

Su interés en la población femenina colonial se dio cuando, desde  su especialización en historia demográfica, miró hacía la élite  de la sociedad colonial en La Paz, en la que descubrió que las mujeres, además de formar el 50% de la población de entonces, jugaban un rol muy importante y protagónico, pero a partir de una circunstancia: la viudez.

"En la época de la Colonia las mujeres cumplían diferentes roles, pero  cuando quedan viudas muchas, además de manejar los negocios familiares, se convertían en guardianes de sus hijos menores de 25 años. Las viudas adquirían una gran libertad, entraban en posesión de su dote, además de la  mitad de los bienes gananciales obtenidos durante el matrimonio y podían   convertirse  en empresarias exitosísimas”, dice Clara.

 En su libro la historiadora paceña cuenta el caso de doña Bernarda de Rebodello, viuda de un  importante  mercader y madre de ocho hijos, que administró los bienes de su familia sin dividirlos  hasta el final de sus días, generando grandes ganancias. 

"Ella administraba incluso  el patrimonio de su yerno, un  tesorero de la Caja Real de La Paz”, relata la historiadora.

   Otro ejemplo es doña Francisca de Tapia y Ulloa, que enviudó dos veces y que hizo crecer su fortuna al punto de "proveer a sus cuatro hijas dotes de entre 12.000 a 14.000 pesos, a cada una”, se lee en el trabajo de Clara López. 

Doña Mariana Pereira Sotomayor se suma a la lista de visionarias, que si bien tenía una importante dote y heredó a algunos de sus familiares, tras quedar viuda,  incursionó en la compra de tierras, en su producción agrícola  y, luego, en la comercialización de lo  producido.  Era dueña de la hacienda Chicani (Larecaja), otra en Mecapaca, tierras en Potopoto (Miraflores) y Achacachi, "de una carpintería, de una fragua a cargo de un oficial herrero y su mujer”. 

 Mariana murió en 1668 y su fortuna se extinguió porque su hijo que se benefició con la herencia "no estaba capacitado para continuar con los negocios”.

"Entonces las mujeres no se representan a sí mismas ante la ley, sino era por un varón, pero tomaban un abogado y lo tenían resuelto. Además, al ser  mujeres de élite  no sólo tenían el privilegio de leer y escribir, sino que ya venían con dotes importantes, que al quedar viudas decidían administrar para incrementar y  luego legar a sus hijos”, remarca Clara.
Indígenas poderosas
 
Pero en La Paz del siglo XVII no sólo las damas con título de nobleza colonial administraban sus riquezas, sino también las indígenas, muchas de ellas hijas de caciques, como doña Ana Poco, natural de Saphaqui, viuda de Juan Chorona, que "era propietaria  de tierras en su lugar natal y fue considerada hacendada en el valle de Caracato”. Entre sus tierras estaba  "una huerta de duraznos con tres manzanos que plantaron ella y su marido en Achumani y otra de tunas en el paraje de Tacobamba”. Ana no sabía escribir y necesitaba intérprete para comunicarse en castellano. 

Otro caso es el de Juana Calle, también de Saphaq   ui, viuda de Pedro Chava, que había recibido una herencia de sus padres compuesta por una viña, higuerales y tierras en Chivacato.
 
Una situación  particular fue la de doña Ana Roque, natural de Viacha,  conocida por un "carácter decidido y eximias dotes empresariales”, poseedora incluso de dos esclavos: "Lucrecia, vieja y enferma, de escaso valor, y el mulato Lázaro de 300 pesos”.

  Pero no todas las mujeres   que enviudaban asumían la misma actitud, también estaban las autovictimarias, que consideraban que no podían hacer nada y entregaban toda la fortuna a sus hijos.

 "Muchas de ellas murieron casi en la indigencia, como el caso de una dama   que terminó siendo sostenida por su esclavo, que la mantenía”, señala Clara López.

Las fuentes directas a las que recurrió la historiadora paceña para obtener esta información sobre el mundo femenino de La Paz del siglo XVII  son testamentos y escrituras notariales  resguardados por el Archivo de La Paz y la Alcaldía. La investigación fue presentada en México con bastante éxito.

 Las investigaciones de López sobre el rol de las mujeres en la época colonial de La Paz del siglo XVII también abordan el rol de las religiosas. "No estaban limitadas sólo a la religión, a bordar y rezar,  muchas estaban dedicadas al arte y a la enseñanza de niños y niñas”, adelanta. Es que la historiadora está ahora empeñada en describir el papel de estas mujeres, información que presentará también en un libro.

Más de 40 años de investigadora

Clara López nació en La Paz, en diciembre de 1951. Hija del español Fernando López y de la paceña Lola Beltrán, desde siempre se sintió atraída por el arte, la historia  y la cultura. A inicios  de los años 70, después de salir bachiller del colegio Inglés Católico, ingresó a la carrera de Filosofía y  Letras, que incluía la materia de historia. 

"Fue el  profesor Luis Ossio Sanjinez el que me condujo por los primeros caminos de la historia.
 
Después tuve muchos maestros, pero fue él que me condujo”, dice Clara al mirar atrás, hacía el inicio de su carrera de historiadora  especializada en la época colonial de América Latina, lo que le  permitió  formar parte de renombrados grupos de historiadores de Europa, Japón y Estados Unidos.  

Clara conoció al profesor Ossio Sanjinez -que fue Vicepresidente de Bolivia (1989 -1993)-  en la Universidad Mayor de San Andrés a inicios de los años 70, cuando inició su carrera, pero fueron sólo  unos meses porque   la dictadura militar de Hugo Banzer (1971 -1978) interrumpió la actividad de esa casa de estudios superiores. 

 Ella  tuvo la opción de salir de Bolivia para continuar sus estudios y partió rumbo a la Universidad Complutense de Madrid,  España. Cuando pudo regresó a  Bolivia para terminar su carrera y graduarse en San Andrés. "Ahí me enganché en la historia colonial con el profesor Alberto Crespo”, dice.

Tras terminar su licenciatura  volvió a salir del país para realizar un doctorado en Turín, Italia, con el reconocido profesor  Marcelo Carmagnani, del que llegó a ser su asistente. Terminó la especialización con una tesis que sostenía que Potosí funcionó como un centro motor que estimulaba la economía de toda la región comprendida entre Lima y Buenos Aires. 

Inmediatamente  fue invitada por  el profesor Herber Klein  a realizar otro doctorado en historia en la Universidad de Columbia, Estados Unidos. "A medida que iba avanzando en la profesión me fui depurando y opté por la historia colonial en América Latina”, dice.

 Clara se considera una "investigadora itinerante” porque trabajó y enseñó 10 años en Italia (Turín y Bologna), cinco en Estados Unidos y uno en Japón. También trabajó en  Madrid, Sevilla, Gerona de España. En Bolivia fue profesora en la carrera de Historia de San Andrés.

Entre sus obras está la Biografía de Bolivia, Las rutas de la plata: de Potosí al Pacíficoy otras investigaciones. Otro de sus trabajos que la destacan es la traducción del italiano al español  del libro Hubiera sacudido las montañas, de Marcella Filippa, que cuenta la vida de Gorgina Levi, sobreviviente del Holocausto Nazi.
 
 
 
 
 
 
 


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