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Coyuntura

El progreso incierto que promete el proyecto de El Bala

Los autores indican que las áreas protegidas, como los parques Madidi y Pilón Lajas, han traído muchos beneficios para las comunidades que las habitan.

El progreso incierto que promete el proyecto de El Bala
Luis Gonzales C.y Ricardo González T. Economistas

 

 En una columna anterior  afirmamos que la oposición a la construcción del proyecto hidroeléctrico El Bala-Chepete —en los parques Madidi y Pilón Lajas— no constituye una oposición al desarrollo de Bolivia, debido a que los beneficios económicos de llevar adelante el proyecto serían inciertos y bajos —lo primero porque no es evidente hoy que otros países requieran la energía producida por este proyecto y lo segundo porque sería muy costoso llevar dicha energía hacia esos mercados—, y a que los costos asociados a los daños ala biodiversidad de los parques nacionales y a las comunidades indígenas que los habitan, como consecuencia de la inundación parcial de ambos parques, serían ciertos y elevados.

A pesar de ello, las autoridades insisten en afirmar que este proyecto hidroeléctrico traerá desarrollo para las generaciones actuales y futuras. Más aún, recientemente  la Empresa Nacional de Electricidad (ENDE)  informó —en un contexto de hermetismo y de lamentable ausencia de transparencia en la información— que el proyecto creará 60.000 empleos directos e indirectos. Así parece que el proyecto sí genera progreso, al menos para los habitantes en las cercanías de los embalses. 

Sin embargo, tales beneficios son sólo una apariencia. Primero, estos 60.000 empleos se alcanzarían en la fase alta de construcción solamente, para luego descender abruptamente durante la fase de operación, por lo tanto, no se trataría de una ganancia permanente. Segundo, la cifra oculta la destrucción de empleos tras el daño a la actividad turística. Estimaciones propias con base en datos del municipio de Rurrenabaque indican que los parques reciben cerca de 30.000 turistas al año, los que generan ganancias de más de 15 millones de dólares para las comunidades a cargo de tales actividades. 

En consecuencia, tanto la inundación parcial de los parques Madidi y Pilón Lajas como la aplicación del impuesto al turista —recién propuesto por el Gobierno— perjudicarán, con certeza, el desarrollo de los habitantes en las inmediaciones de los parques.

Tercero, ¿cuánto desarrollo podría traer un proyecto que apunta a exportar energía, como El Bala-Chepete, cuando su tamaño es tan poco relevante comparado con los sistemas eléctricos de otros países de la región? 

De acuerdo a Carmen Crespo, especialista en la materia, Argentina tiene un sistema eléctrico 17 veces más grande que el de Bolivia, mientras que el de Brasil es 63 veces, el de Chile es nueve veces, el de Paraguay es cuatro veces y el de Perú es cinco veces. 

Así parece ser que el aporte energético del proyecto El Bala–Chepete a tales países sería marginal, lo que parece indicar que los beneficios económicos también serían marginales, aun cuando todavía no se consideran los elevados costos de construcción de las líneas de transmisión, necesarias para llevar la energía a tales mercados. Con todo, si existiera demanda por la energía producida por este proyecto —lo que parece muy incierto hoy—, la construcción de las líneas de transmisión podría aniquilar la supuesta rentabilidad del proyecto en lo financiero y más aún en lo ambiental.

En caso de que no se realice el proyecto, ¿se condena a la pobreza a estas comunidades? La respuesta es no. Las áreas naturales protegidas, como los parques Madidi y Pilón Lajas, han traído muchos beneficios para las comunidades que las habitan.

 Una investigación del año 2013, realizada por los académicos Gustavo Canavire-Bacarreza y Merlin Hanauer, con datos de Bolivia, muestra que las municipalidades donde, al menos, un 10 por ciento de su superficie fue declarada como área protegida entre 1992 y 2000, pudieron reducir mucho más la pobreza de sus comunidades que municipalidades similares donde no existen tales áreas, tomando en cuenta las diferencias geográficas y climáticas, entre otras variables. 

¿Cómo pudieron las municipalidades con áreas protegidas reducir la pobreza? Principalmente por medio del desarrollo de programas de turismo sustentable. Las áreas protegidas son administradas, en forma conjunta, por el Gobierno y las comunidades indígenas. 

Ello permite que los programas implementados en tales zonas sean compatibles con las formas de vida que las mismas comunidades escogieron para sí mismas y que provean oportunidades de empleo estables y de largo plazo, entregando sus servicios —como guías de turismo, conductores de vehículos o botes, administradores de lodges, sólo por nombrar algunos— a los visitantes de todo el orbe.

Así, parece ser que la preservación de los ecosistemas no ha generado más pobreza para los residentes de esas zonas. Muy por el contrario, ésta ha traído beneficios económicos ciertos para los bolivianos que habitan estas áreas protegidas, de forma ecológicamente sustentable y respetuosa de los pueblos indígenas, cuya cosmovisión reside en la naturaleza, como el pueblo Tacana, y de sus formas tradicionales de vida. Esto indudablemente debe continuar y mejorarse, pero no inundarse.

En suma, ¿valdrían la pena el desplazamiento de más de 3.000 personas que habitan en las zonas de los embalses y el sacrificio de la biodiversidad de los parques Madidi y Pilón Lajas en nombre del progreso y desarrollo de Bolivia? No, para nada. No sólo porque los beneficios de este proyecto hidroeléctrico parecen bajos y muy inciertos, sino porque se han logrado avances significativos en la batalla contra la pobreza en las mismas zonas que se intenta inundar —probablemente como consecuencia de programas de turismo sustentable, que proveen oportunidades de empleo a las comunidades y respetan sus creencias y tradiciones—, en ausencia de centrales como El Bala-Chepete. 

Reconocemos que tales avances son todavía insuficientes, puesto que la falta de agua potable, electricidad y saneamiento básico en las áreas que rodean a los parques Madidi y Pilón Lajas persiste. Además, se requieren mejoras en la infraestructura caminera, más inversión en educación de calidad y recursos adicionales para la lucha contra la malaria, el dengue y otras enfermedades persistentes en esta zona, pese a los grandes esfuerzos realizados en el pasado.
 
Sin embargo, la construcción de este proyecto hidroeléctrico no parece relevante para lograr estos objetivos, cruciales para el progreso de Bolivia.

 

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