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Ouvidor 63, una fábrica de ideas en el corazón de Brasil

Grafiteros, músicos, circenses o dibujantes conviven en una comunidad.

Ouvidor 63, una fábrica de ideas en el corazón de Brasil

Un artista trabaja en su taller en el edificio Ocupa Ouvidor, 63 en Sao Paulo. Foto:AFP

AFP / Sao Paulo

Un malabarista lanza sus mazas en la sexta planta, una banda manda rock desde la tercera y un pintor finaliza su obra en el séptimo piso de la calle Ouvidor, 63. En este edificio ocupado por un centenar de artistas en el centro de Sao Paulo solo se admite a habitantes con ideas.

Algunas asoman ya desde las coloridas paredes de este inmueble destartalado, que con sus grafitis e ilustraciones rompen el gris raído del corazón de la mayor ciudad de Sudamérica.
 
Propiedad del estado de Sao Paulo, este edificio de 13 plantas llevaba años deshabitado cuando hace tres un grupo de creadores lo ocupó para convertirlo en un centro cultural y de viviendas artísticas. 

Grafiteros, músicos, circenses o dibujantes conviven en una comunidad que suma ahora unas cien personas y funciona de forma horizontal. No hay líderes en Ouvidor, donde todo se decide en las reuniones semanales de cada piso y se somete, después, al voto de la asamblea. Incluida la admisión de nuevos miembros, que deben llegar avalados por otro habitante y traer un proyecto creativo. 

"Al principio hay que ser hospedado por alguien. Ahí, si te vas adaptando, tienes buenas ideas y trabajas para el colectivo, entras en una lista de espera para ocupar un cuarto”, explica el pintor D’Julia Gangary mientras da los últimos retoques a un cuadro. Inclinado sobre la mesa de su alborotado estudio-dormitorio, este artista de 41 años cuenta cómo su llegada a Ouvidor le cambió los planes. 

Volvía de viaje cuando le invitaron a crear un taller de grabados. Iba a quedarse unos meses y ya ha pasado un año y medio. "Nuestros proyectos son en su mayoría gratuitos, siempre haciendo un trueque. 

Cuando recaudamos fondos, es para mantener el edificio”, asegura. Aunque vivir en comunidad no es siempre tan idílico -todavía recuerda su tensión mientras la asamblea votaba si podía quedarse-, ahora se siente parte de algo más grande. 

Un piso más abajo, Giuseppe Gordillo mantiene el equilibrio sobre una alta estructura vertical de tres ruedas. Desde que se inició en los malabares viajando por Sudamérica, este colombiano con una rosa de los vientos tatuada en el cuello se enamoró del circo. Tanto, que decidió volver a Brasil junto a su pareja y su hija de tres años para hacer de su pasión una forma de vida. 

"Cuando llegamos a La Paz, unos amigos chilenos nos hablaron de la ocupación y decidimos venir a Sao Paulo”, recuerda sobre su travesía por carretera. Ya hace un año de aquello y ahora trabaja haciendo malabares en los semáforos, da clases en Ouvidor y es uno de los habitantes de la sexta planta, donde viven los artistas de circo y preparan su espectáculo quincenal de varietés.
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