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Editorial

Afrentas en premios de cultura

Afrentas en premios de cultura
El Gobierno enfrenta problemas de descoordinación en algunos espacios e instituciones, desde su relación con la justicia, hasta la manera cómo se relaciona con los gobiernos subnacionales. A esos temas se ha añadido otro en las últimas semanas, el inexplicable retraso en la entrega de los  premios culturales  a la poeta y cantante chuquisaqueña Matilde Casazola y a la indígena chipaya Sebastiana Quispe (o Kespi).

El Ministerio de Culturas anunció los premios el 20 de diciembre de 2016, pero luego fueron suspendidos los actos de entrega  organizados, sin dar explicación alguna y mostrando un injustificado  descuido.

Familiares y amigos de Matilde Casazola -que también impulsaron que recibiera el premio- iniciaron una campaña para que las autoridades muestren un poco de seriedad y, de una vez, organicen el acto de entrega. Gracias a ello, el Ministerio de Culturas  anunció que los galardones se entregarán en breve.

La explicación sobre tantas dilaciones puede deberse al cambio de autoridades en el área (recordemos que la actual ministra, Wilma Alanoca,  se hizo cargo del despacho a finales de enero), pero no es la primera vez que esto sucede.  En 2015, el escritor Gonzalo Lema, Premio Nacional de Culturas, y Roberto Sahonero, Premio a  la Gestión Cultural Gunnar Mendoza, recibieron sus galardones con siete meses de retraso.

Además, en esa ocasión,  no recibieron las tradicionales medallas que cada año son entregadas por la Gobernación. En la ceremonia de 2015, el entonces  ministro de Culturas, Marko Machicao, denunció que el retraso en la entrega del premio se debió al incumplimiento de la Gobernación, que no aportó con los 25.000 bolivianos que le corresponden por ley. Sin embargo, el gobernador de La Paz, Félix Patzi,  culpó de la falta a su antecesor, César Cocarico, y aseguró que la exautoridad no incluyó los premios en el presupuesto. 

Este año  la molestia es doblemente justificada: al retraso que deshonra a las dos artistas que recibirán un galardón que no llega a 6.000 dólares, se añade el que sean ellas quienes después de gestionar su propia postulación tengan que presionar  para recibir el premio.

Aunque toda persona que recibe un reconocimiento por su trabajo debiera ser tratado con consideración, las premiadas de este año son dos artistas cuya trayectoria está por encima de este manipuleo. Sebastiana Kespi, la mítica protagonista del documental Vuelve Sebastiana de Jorge Ruiz, y Matilde Casazola, una de las más grandes poetisas y compositoras de nuestro país, merecen  respeto, y no tener que reclamar para ser reconocidas.

Recordemos que a falta de iniciativa de los organizadores del premio, fue una campaña impulsada por artistas e instituciones relacionadas a la cultura la que propició que Matilde Casazola sea designada Premio Nacional de Culturas 2016. Casazola no participa de ningún círculo oficialista de la cultura, y de ningún otro tipo, y sus posiciones independientes y autónomas la han mantenido alejada de los círculos del poder. 

Pero, el tema de fondo es que el Premio Nacional de Culturas -el más importante que otorga el Estado- tiene varios problemas. En primer lugar, está el hecho de que el jurado no se permite presentar listas de candidatos y son los propios interesados los que -como el caso de Casazola- deben postularse o ser objeto de campañas que promuevan su reconocimiento.

 En segundo lugar, este es un premio a la trayectoria, es decir que reconoce el aporte que artistas consagrados han hecho a las artes y cultura boliviana, por tanto se debe actuar en coherencia con ello. Demás está insistir en el trabajo y talento que las premiadas de este año, Matilde y Sebastiana, han demostrado. 

Es momento que se reconduzca este importante premio de cultura con la logística y los recursos que corresponden. Si el Estado trata con tanto respeto a artistas que visitan el país -como ha sido con la reciente visita del director de Hollywood Steven Soderbergh-, ¿por qué tiene que exponer a estas humillaciones a nuestros mejores representantes culturales?
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