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Rafael Puente

Naciones Unidas y derechos humanos

Naciones Unidas y derechos humanos
Creó sorpresa y preocupación la noticia de que a partir del próximo año la Delegación de Naciones Unidas para los Derechos Humanos dejará de existir en Bolivia. Y todavía fue más sorprendente la declaración de nuestro excanciller en el sentido de que dicha delegación ya no es necesaria en nuestro país…

¿Qué pasa, compañero David Choquehuanca, de veras cree usted que en Bolivia los derechos humanos son cotidiana y suficientemente respetados, hasta el extremo de que no tiene sentido la presencia de una delegación de Naciones Unidas que vele —aquí y en todas partes— para que así sea? La única explicación sería que la Organización de Naciones Unidas como tal es poco creíble y que, por tanto, su mentada delegación no resulta útil. Y ciertamente se puede acumular críticas demoledoras respecto de la inconsecuencia de la ONU en muchos campos y en muchos momentos, pero entonces lo lógico sería que nuestro país se retirara de dicha organización, pero no es el caso. Por el contrario, nuestro Presidente se esmera en aprovechar asambleas de la ONU para lanzar al mundo entero desafíos como el de los Derechos de la Madre Tierra o la lucha central contra el capitalismo…

Pero, además, no deja de haber espacios de Naciones Unidas, que siempre han mostrado tener sentido (ahí está la Unesco, y también Unicef, por poner algunos ejemplos), o sea que no va por ahí la justificación de que la Delegación de Derechos Humanos se retire. Sólo queda la otra, la de que ya no hace falta porque aquí los derechos humanos siempre se respetan, y, de hecho usted habla de que nuestra democracia participativa hace innecesaria esa presencia…

¿Podemos decir eso en un país donde, por ejemplo, se está despidiendo a un montón de jueces y fiscales sin seguir ningún procedimiento? Y ojo, que personalmente no pondría ni un dedo al fuego por la probidad de jueces y fiscales, pero no dejan de ser ciudadanos y ciudadanas que tienen derecho al debido proceso… ¿Y los juicios arbitrarios a dirigentes opositores, incluyendo su destitución a base de meras denuncias, que aunque sean ciertas no han sido debidamente procesadas y probadas? ¿Y, peor aún, los ataques a personas  o instituciones cuyo único delito es expresar opiniones y argumentos críticos respecto del Gobierno (ahí la guerra contra aquellas ONG y medios de comunicación que no son incondicionales)? ¿Podemos olvidar acaso el asalto de algunas organizaciones sociales a la propia Asamblea Nacional de Derechos Humanos y lo que eso significa?

¿Y qué me dice, querido excanciller, de la solicitud de 10 años de cárcel para la señora Gabriela Zapata mientras el exministro Quintana —su "rey” y protector, y por tanto se diría que su cómplice — disfruta de una embajada en el Caribe?

Pero el problema es mayor. Ahí está la famosa terciarización laboral fomentada por las propias instancias estatales y que deja a decenas de miles de personas en condiciones laborales precarias, y sin seguro social. ¿No se está lesionando derechos humanos fundamentales —el derecho a un empleo digno y el derecho a la seguridad social—, mientras nuestros asambleístas se incrementan el sueldo a niveles nunca antes vistos? Para no mencionar la lesión cotidiana —y con frecuencia trágica— del derecho a la salud, y del derecho a una educación digna (en que cada niño o niña sea un sujeto y no un mero objeto). Etcétera.

Por supuesto no vamos a ignorar que muchas cosas han cambiado favorablemente y que el país en su conjunto está probablemente mejor que en ningún momento de su historia, pero tenemos que reconocer que lo que falta por hacer es todavía mucho más y que eso pasa por respetar los derechos humanos (en todas sus generaciones), cosa que reafirmó el mes pasado la Subcomisión de Derechos Humanos del Parlamento Europeo.

Por tanto, a la Delegación de Naciones Unidas no sólo habría que pedirle que se maantenga presente en Bolivia, sino que lo haga de manera mucho más activa… ¿No lo cree así, compañero y hermano David Choquehuanca? Por favor sáquenos de dudas.

Rafael Puente es miembro del Colectivo Urbano por el Cambio (CUECA) de Cochabamba.
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