La Paz, Bolivia

Jueves 30 de Marzo | 08:31 hs

Recuerde explorar nuestro archivo de noticias

Evangelina, la mujer que emergió del lodo en Perú

Evangelina Chamorro es símbolo de la precariedad en la que viven miles de familias peruanas en asentamientos humanos edificados ilegalmente.

Evangelina, la mujer que emergió del lodo en Perú

Archivo digital. Evangelina Chamorro, en medio del desastre, ahora es el símbolo de reconstrucción en Perú.

Beatriz Jiménez / Lima

 Una casa de madera es arrastrada por un alud de lodo y queda atascada en un puente. La casa logra, durante unos preciosos minutos, bloquear la salida del lodo hasta una caída de agua que lleva a la playa de Punta Hermosa, en Lima. De entre las maderas, que antes de ser arrastradas por la avalancha eran una cuadra de cerdos, emerge una mujer marrón: Evangelina Chamorro.
 
Detrás de ella, una de sus vacas también resiste sin emitir un solo mugido.

Su largo cabello, pesado por el lodo, se engancha en las maderas, pero Evangelina logra ponerse en pie. Despacio, sin gritos, sin aspavientos, camina sobre las maderas que flotan en el lodo hasta llegar casi a la orilla. Hace un amago de saludo con su mano, como diciendo "aquí estoy”. Resbala y cae a tan solo un metro de salvarse. Vuelve a levantarse, estira su brazo, agarra una de las manos que luchan por alcanzarla y, ahora sí, sabiéndose a salvo, se derrumba.

Ella, y su marido, también arrastrado por la avalancha, vivían junto a sus dos hijas de cinco y 10 años en una precaria vivienda de madera construida en el mismo cauce del conocido como Río Seco, a dos  kilómetros del lugar en el que emergió del lodo.

 Como 50 familias de este asentamiento humano ilegal, conocido como Nueva Navarra, criaban en este río, durante décadas, vacas, cerdos y aves de corral. Compraron sus parcelas a traficantes de terrenos y se endeudaron con el banco para poder pagar. 

Al resto de sus vecinos  les dio tiempo a salir antes del huaico. Pero a Evangelina no. Lo primero que preguntó al ser trasladada al hospital fue por sus dos hijas, que en el momento en el que el barro se llevó todo, estaban por suerte en el colegio. 

"Pensé en mis hijas y en Dios”, dijo en el hospital tras describir que cuatro veces se hundió en el lodo.

Evangelina es no sólo símbolo de resistencia ante un repentino fenómeno de El Niño Costero, el más difícil de predecir y cuya última versión con registro en Perú es la de 1925, sino también de la precariedad en la que viven miles de familias peruanas en asentamientos humanos que se edificaron en cauces secos y zonas de desborde.

 El Niño Costero, diferente al más estudiado Niño Global, se produce por el calentamiento de hasta cinco grados de la franja costera del Pacífico paralela a Perú y desencadena fuertes lluvias en la desértica costa norte y central peruana. En estos días de marzo, demuestra su máxima virulencia. Las lluvias activan quebradas secas durante décadas y huaicos desembocan en el centro histórico de ciudades como Trujillo, donde colapsó un cementerio y los ciudadanos han difundido fotos con osamentas humanas en las calles.

 

Eugenio Huertas aprende a sobrevivir en medio del barro

AFP  / Lima

Desplazarse por las calles de Huarmey, en la región Ancash, es un reto. Cada paso es un nuevo y gran esfuerzo. Las piernas quedan presas por la resistencia que ofrece el lodo. Por momentos parece que la gente camina dentro de una gigantesca masa de torta de chocolate antes de ser colocada en el horno. 

"Hay que agarrarse de las paredes de las rejas, caminar por los extremos para no hundirse”, explica Eugenio Huertas, quien en estos últimos cuatro días, por necesidad, ha desarrollado la habilidad de desplazarse con cierta destreza por el lodazal. 

En Huarmey se contabilizan al menos 40.000 afectados y el Gobierno envió por mar buques de la Marina con ayuda humanitaria. Militares desembarcaron para apoyar las labores de auxilio, en medio de rumores de saqueos durante la madrugada a negocios que aún tienen víveres pero que quedaron cerrados tras los desbordes.

 La ministra de Salud, Patricia García, también estuvo allí el viernes. Pero la población asegura que el apoyo es aún insuficiente. La ayuda llega, pero no para todos. Menos a los que no pueden salir de casa, porque hay que hacer filas para recibir agua limpia. 

"Pasan los helicópteros, pero sólo para tomar fotos. No viene nadie”, se queja el pescador Jorge López, uno de los varios que viven en esta ciudad con vista al océano Pacífico. Son los propios vecinos que, pala en mano, retiran el barro -donde se puede, claro- para limpiar sus calles. 

Y es la propia  la que, con su dinero, contrata maquinaria pesada para la remoción de escombros. En una de las calles de la ciudad, los vecinos explican que cada uno pagó 20 soles (unos seis dólares) para contratar maquinaria pesada que se lleve la suciedad.

  "Huarmey es una zona de emergencia. Los huaicos siguen viniendo y lo más triste es que llegan de noche. Necesitamos ayuda urgente, necesitamos agua, víveres”, dijo Luz Castillo a la AFP, detrás de un muro de ladrillos que colocó en la puerta de su vivienda, para bloquear el agua. 

El puerto de Huarmey ha sido por años parada obligatoria para los viajeros que transitan por la carretera Panamericana Norte y quieren descansar y alimentarse antes de continuar con su trayecto. Hoy, quienes consiguen atravesar tras sortear los cortes de ruta, se detienen, pero para observar la devastación.
 
 Huarmey, la ciudad presa en una cárcel de fango

AFP / Lima

 Para entrar en Huarmey hay que sumergir medio cuerpo en el lodo. "Agua, queremos agua”, grita la gente guarecida en sus techos. Nadie baja. El barro cubre sus casas a la mitad. 

Tras las inundaciones en Perú, sus habitantes quedaron presos en un gigantesco pantano. 

El último miércoles, después de fuertes lluvias en los Andes, los huaicos -como se conoce en el Perú a las avalanchas de lodo y piedras- descendieron desde los cerros como un ataque sincronizado y desbordaron el río Huarmey, que fue a desembocar toda su furia en esta ciudad portuaria ubicada 300 kilómetros al norte de Lima.

"Primero empezó a venir poquita agua del río, y después ¡boom!, el agua nos atacó. Ya no podíamos hacer nada. Todas mis cosas están enterradas. Nadie ha venido por esta zona a mojarse los pies”, grita Paulina Farromeque desde el techo de su vivienda. Su casa está en la avenida Alberto Reyes, en la misma calle donde se encuentra la comisaría, o  lo que aún se deja ver de ella. 

En este enorme lodazal vertical sólo sobresale el techo del patrullero y algunos agentes atienden en el segundo piso del predio. El primer piso está tapado por el barro. 

El último informe oficial reporta 75 muertos desde enero a la fecha producto de las inundaciones en todo el Perú, a causa del denominado El Niño Costero, que eleva las temperaturas del mar de la costa peruana generando alta evaporación y fuertes lluvias. 

La situación también deja 99.475 damnificados -que lo perdieron todo- y 626.928 afectados -que sufrieron daños menores-, según ese balance. Y hay al menos 12 desaparecidos y más de 200 heridos.

2
2

También te puede interesar: